CÓMO ME DUELE EL SENA

Por: Juan Diego Gallo Botero.

Que gran diferencia existe cuando se trabaja con amor por un propósito y cuando se trabaja con intereses meramente económicos, políticos y/o de falso posicionamiento ante la sociedad.

Todo aquello que se construye con humildad, amor y dedicación, siguiendo, paso a paso, las etapas que requiere todo proceso que permita el logro de un propósito general de un equipo de trabajo en beneficio de toda la comunidad, obtiene su gran recompensa: el Reconocimiento y posicionamiento en un entorno social, cultural, económico y político, sin esperar más recompensa que la satisfacción del deber cumplido.

   Estamos hablando, en este caso del SENA de antes de Uribe y Montoya cuando, a través de la conjunción de saberes y experiencias de los diferentes actores de la entidad, se venían construyendo Modelos, estrategias y dinámicas pedagógicas conducentes a aprendices integrales, dinámicos, proactivos y preparados con calidad que les permitiera insertarse fácilmente al entorno laboral en cualquiera de los sectores de la producción.

 


Ahora bien, cuando solo se edifica pensando en complacer “sueños” o “embelecos” personales o, tratando de resolver “encrucijadas del Alma” de uno u otro capataz de la patria; de construir bajo las premisas de la cantidad a menor costo; de recortar a “tijeretazos” programas o, idealizando modelos foráneos que para nada aplican en nuestra cultura, ni conducen a productos de calidad, la imagen institucional solo sufre desprestigio y rechazo de la sociedad y el entorno productivo, que demanda servicios y productos, aunque sea pocos, pero de alta calidad.  Cuando se edifica pensando en el reconocimiento personal mediante el logro de frías cifras que llenen estadísticas sin pensar en el FONDO y el efecto que de él se deriva, lentamente producen, como las Heladas de la Sabana , el marchitamiento de nuestra entidad, hasta su total desaparición, igual que pasa con los cultivos de Papa.


Para que estos “sueños” se cumplan, es necesario generar el efecto dominó del Caos desde la misma Dirección General, pasando por las Direcciones Regionales y las Subdirecciones de Centro, hasta llegar a los propios funcionarios administrativos  y operativos quienes, como anestesiados por el propio Galimatías, admitámoslo, asumimos la posición más cómoda: DEJAR QUE SUCEDAN LOS HECHOS SIN CUESTIONAR, y más aún, SIN CONFRONTAR.  Vámonos más al fondo del asunto; al quehacer cotidiano en los Centros de Formación donde, si un subdirector no obedece los mandatos del Director General y/o Regional, además de aguantar su grosería y permanente amedrentamiento, entra al honroso club de los reemplazables; todo esto gracias a maniobras políticas, más bien politiqueras, que hicieron que los Niveles directivos no gozaran de la “inmunidad” de la Carrera Administrativa, a través de Leyes y Decretos.   Gracias al “Todopoderoso” no gozan de este Privilegio, ya que son nombrados a través de un perverso proceso como lo es la Meritocracia, que pierde su nombre en su etapa final, que podríamos llamar “politiquerocracia”. Gracias a ello, tenemos infinidad de casos en el país, donde quienes obtuvieron los más bajos puntajes en este mal llamado proceso, obtuvieron su puesto gracias a los favores de Caciques de fuerzas políticas Regionales dominantes.


Ahora bien, gracias a las políticas del Estado Uribe, reflejadas en nuestro SENA, hoy se vive la “GUERRA POR LOS APRENDICES” entre los diferentes Centros dentro y entre los Departamentos; esta situación ha conducido a que hoy se vean Centros Industriales en búsqueda de “Clientes” para impartir formación agropecuaria, comercio, salud, etc. o viceversa; el propósito es “hacer Cantidad” a cualquier costo y con la más mínima calidad, desconociendo la especialidad de cada cual.  Hoy, la cantidad supera con creces la calidad; hoy, la variedad sobrepasa la especialidad; hoy, la improvisación y la ligereza prevalece por sobre la identidad conceptual y filosófica obtenida con tesón y trabajo denodado. Es, por tanto, inherente a esta guerra, además de considerarlo impropio para una Entidad de prestigio, que la calidad de los procesos de selección de Instructores Contratistas se vea marcada por sesgos y recomendaciones políticas más que por la experiencia y conocimientos que permitan promover mejoras en la Calidad de la Formación Profesional.   Claro está que, si nos vamos a esta cruda realidad, sin Políticas Pedagógicas claras, no hay necesidad de Personal con altas cualidades y calidades profesionales.


Lo anterior se observa claramente  en la orientación pedagógica que se está dando.  El honor de llegar a ser Formador de Docentes se obtiene con conocimiento, experiencia y criticidad positiva frente a los nuevos conceptos pedagógicos, no aplicando como borrego elementos y herramientas que son definitivamente contrarias al espíritu de la Formación Profesional Integral; hoy NO hay construcción propositiva, hay aplicación directa de desaciertos.  Con la desaparición de las Unidades Técnico Pedagógicas, donde confluían los Instructores de Instructores para delinear la política, lo pedagógico en el SENA quedó al libre albedrío.  Y, ¿que decir de la administración educativa?  La feria de la improvisación y descoordinación; tanto aprendices como instructores desconocen hoy su programación a corto y mediano plazo; el contratista, dada su condición de tal, viene “desplazando” al Instructor de Planta gracias a su vulnerabilidad y estabilidad laboral y, el aumento en las rencillas personales que afectan lo laboral: “…Si no eres mi amigo o no te acomodas a mis intenciones, no te programo…”.    Bastaría con revisar las estadísticas que genera el SIGAC sobre el cumplimiento de Horas Directas de algunos instructores.

 

Es claro que incrementando los Cupos y disminuyendo los tiempos de Formación no vamos a generar más empleo; más bien, estamos engendrando para el sector productivo pseudo-personal, a “medio asar”, como diría un chef;  empleados y operarios con bajos niveles de conocimiento y experticia para procesos altamente especializados.  Y que decir de aquello de aplicar lo aprendido en “su propio negocio” basándose en un imperfecto Modelo de Formación por Proyectos del que nadie asume responsabilidades y que tiene tantas “patas” como interpretaciones personales puedan existir.  Se perdió la Unidad Técnica en la Formación Profesional gracias a desacertadas políticas pedagógicas y ansias de reconocimientos particulares. Algo similar sucede hoy con el muy famoso y mencionado aplicativo “SOFIA PLUS”; un “engendro” sistematizado que desde hace más de dos años arranca y, siempre se queda sin “gasolina” y del que nadie da respuesta satisfactoria. En resumidas cuentas, gracias a Darío, John Jairo, Maritza y otras malas hierbas, entre otras, SE PERDIÓ LA MEMORIA INSTITUCIONAL y, reitero, LA UNIDAD TÉCNICA.


Quienes en los momentos de mayor crisis institucional, ya hace más de seis años, dijeron querer al SENA son aquellos que hoy le están haciendo más daño; en ellos no hay pertenencia ni fidelidad para con esta Entidad que, puede que las estadísticas digan lo contrario, se la están carcomiendo desde adentro como una gangrena o, mejor, como un cáncer que está haciendo metástasis en sus diferentes órganos y que, lentamente la consume y marchita hasta su muerte definitiva.  Quienes, desde una posición más reflexiva y propositiva, sin necesidad de rasgarse las vestiduras, ni flagelarse, desde ese mismo momento, seis años atrás, sin ser opositores radicales, ni mucho menos contradictores tozudos, tratamos de dar la medicina que el paciente requería con urgencia: RETOMAR EL RUMBO QUE TRAÍA EL SENA, que hasta ese momento lo hacía tan prestigioso y reconocido no solo en la localidad sino también en el entorno internacional.  “Así sea poquito, pero de alta calidad”


En esta avasalladora carrera de mostrar “falsos positivos”, término que está muy en boga en este gobierno, se está destruyendo de un solo tajo lo construido durante más de 45 años con tesón, basados en criterios técnicos y pedagógicos que posicionaban al SENA como una entidad de excelentes resultados de calidad en sus productos- Los Aprendices; hagamos el ejercicio de comparar una página de Clasificados del Pasado con los de hoy donde se solicitan empleos, preferiblemente egresados SENA, ¿cuánto podremos haber descendido?; se fue al traste las especialidades de los Centros, producto de una desmedida arremetida de buscar “Clientes” sin tener en cuenta las infraestructuras ni el acumulo tecnológico específico, desconociendo éstas como fortalezas de la entidad, entregando todo su acervo de conocimientos a las mal llamadas Mesas Sectoriales y a un pequeño grupo de funcionarios que sin criterio alguno propusieron recortes de programas y avalaron también el incremento de aprendices en infraestructuras inapropiadas; dotadas para una menor capacidad y, a decir verdad, buscando solo cifras para complacer los apetitos estadísticos de los Capataces Uribe y Montoya.  A que precio???


¡¡Claro!!, resulta más rentable Formar 50 aprendices de las zonas urbanas en oficios urbanos, hacinados en un “ambiente de aprendizaje”, que formar aprendices para el sector rural, que son menos, más costosos y que requieren mayores espacios, infraestructura y Materiales o, al contrario, se forman con insuficientes materiales, insumos e infraestructuras, como si se tratase de un mostrario, no el de un entorno real de producción; esto da pié para desaparecer las especialidades agropecuarias y, por ende, los Centros destinados a este fin.  Hasta en el SENA se ve claramente la desprotección al sector rural. En esta lógica de ideas, resulta para un subdirector de Centro más “rentable” y prácticamente fácil “captar” y certificar 500 aprendices de la ciudad en especialidades de Comercio y Servicios que lograr “cazar” y certificar aprendices rurales. ¡Esa es nuestra cruda realidad….!  Y, ¿de la inserción al mundo laboral, que?;  ¿Se ha tomado medición alguna de la permanencia de los egresados en los puestos de trabajo para los cuales se instruyeron?; ¿el SENA está midiendo el impacto en el mundo empresarial de esta nueva fuerza laboral? ROTUNDAMENTE, NO. Otro insumo más que se suma al marchitamiento de nuestra entidad.


Lo que era hasta hace algunos años “ LA GRAN FAMILIA SENA” donde, a pesar de las diferencias conceptuales y filosóficas, se construía sociedad y existía pertenencia, hoy solo quedan gratos recuerdos; priman más los intereses personales de seres sin escrúpulos ni moral, obedientes a sus gamonales que, como prestidigitadores o ilusionistas, practican las técnicas de la desorientación y, otros que obedecen como hipnotizados, anestesiados o hechizados, hasta caer al abismo sin cuestionar, rebatir o rechazar dichas técnicas, que están conduciendo a nuestra entidad a un viaje sin retorno.  A propósito, que irónico resulta ver hoy que gracias a rencores y diferencias conceptuales sin fundamento alguno, aquellas experiencias técnico pedagógicas exitosas en los Centros de Formación que venían demostrando resultados muy positivos, son destruidas sin misericordia simplemente por desestabilizar el clima organizacional con la intencionalidad de “atravesarse” al criterio colectivo, planteando modelos que no funcionan o que apenas se están desarrollando, tomando los Aprendices como “Ratones de Laboratorio”.


Como funcionarios públicos y miembros de una misma “FAMILIA”, la de los formadores y forjadores de hombres y mujeres libres que anhelan triunfar de este hermoso y pujante país (Más o menos eso lo dice el Himno al SENA), debemos retomar nuestra ruta de oferta de servicios de Formación Profesional Integral de alta calidad que nos reclama el sector productivo; trabajar con amor, alto nivel de pertenencia y vocación de servicio social, tal como está expresado en la Naturaleza y los principios de nuestra institución.  Mientras permanezcamos en manos de aquellos administradores siniestros que para nada conocen de Formación y mucho menos, interés en preservar un patrimonio de y para los colombianos, el marchitamiento y muerte del SENA será inminente, así como se procedió con el ISS y tantas otras entidades estatales.  Junto con la fuerza laboral del país, los aprendices y los funcionarios debemos hacer frente común en defensa de nuestra entidad.  DAR UN PASO ATRÁS NO SIGNIFICA RETRASO; ES MÁS BIEN, TOMAR IMPULSO PARA MEJORAR LOS RESULTADOS.